Me gustaría hoy comenzar con una cita de D.L.Moody “Hay dos maneras de cubrir nuestros pecados, la manera del hombre y la manera de Dios. Si tratas de esconderlos, se volverán a mostrar algún día; pero si dejas que el Señor los cubra, ni el diablo ni el hombre podrán volver a encontrarlos otra vez”.
Si meditas en esta cita ves una gran realidad. El hombre tiene una tendencia a fallar, a caer en pecado y tiene dos formas de afrontar la situación. El hombre carnal intentará por todos los medios tapar su falta, esconderla, aunque tristemente no hay nada oculto que no haya de manifestarse, así que cuando menos se lo espera, se la encuentra frente a él. El hombre espiritual irá en arrepentimiento a Dios y buscará su perdón, restitución, la sanidad y la libertad. Si alguna vez viene a su encuentro, podrá decir que no hay condenación para los que están en Cristo Jesús.
Estos días he estado pensando en la confesión, el perdón, la restauración. Tristemente tengo momentos que no glorifican al Señor así que tengo que arrepentirme. Es su Espíritu Santo redarguyendo mi vida, hasta que pido perdón. No sé tú, pero el fallar a Dios y a las personas no me es agradable así que luego, lucho conmigo misma para la restauración, porque yo, luego necesito ser restaurada. El pecar no es algo que debemos tomar a la ligera.
Sabía que tenía que preparar el estudio, no solo para grabar sino para predicar en la iglesia, y no podía, porque no me sentía un vaso útil y eso después de pedir perdón. Esa es mi realidad. Quiero aprender de la Palabra, cómo un hombre como David nos cuenta el proceso de pedir perdón y restauración.
David escribió este salmo cuando pecó enviando a Urias al frente de la batalla para que muriera. Había dejado a su esposa embarazada. Cualquier rey de las naciones de su alrededor hacía eso y no había problema, pero no podía ser así para el rey de Israel porque él debía guiarse, no por él mismo o lo que decía el mundo, sino por Dios. Quizás hay cosas que el mundo considera normal, que puedes hacer, pero el hijo de Dios se debe regir por las instrucciones de Dios, así que cuando las quebrantamos debemos buscar arreglar el problema.
¿Por qué llamarle “aprendiendo de la gracia del perdón de Dios ”? Veo que el hombre perdona y ya está, pero Dios perdona, restaura, levanta, reaviva. Necesitamos aprender del Maestro.
Meditemos un poco y aprendamos de David.