miércoles, 31 de enero de 2018

Te agradezco Dios porque tus planes son buenos para mí


En este día, te doy gracias porque tus planes para mí son buenos. Quizás algunos no son entendidos pero no por eso dejo de confiar y creer que veré tu mano y veré tu bondad. Señor eres bueno, tus pensamiento para mí buenos y tus caminos también. Ayúdame a no desviarme ni un ápice de ellos.

Marcos 3:5

«Jesús miró con enojo a los que lo rodeaban, profundamente entristecido por la dureza de su corazón. Entonces le dijo al hombre: «Extiende la mano». Así que el hombre la extendió, ¡y la mano quedó restaurada!» Marcos 3:5 NTV

Vemos a dos personas y un grupo y vemos cómo describe los sentimientos de ellos. Por un lado vemos a un hombre enfermo. No dice cómo se siente pero si alguna vez has estado enfermo puede imaginar cómo se sentiría, quizás con desesperanza ante la imposibilidad de un cambio en su situación, quizás, desánimo, abatimiento.
Por otro lado vemos a un grupo, el versículo anterior los describe como “enemigos de Jesús”, qué tristeza más grande ver que formas parte de un grupo contrario al Dios creador, al Todopoderoso, cuando se creen servidores de Él. Da respecto ver cuán ciego puede estar el hombre. Otra característica que nos dice el versículo es que Jesús ve dureza de corazón en sus vidas. No les importaba el dolor por el que este hombre hubiese pasado, su vida, sus circunstancias. Si le sanaba, tenían motivo para arrestarle.
Y vemos a Jesús, triste como lo describe aquí. Dice profundamente entristecido. Que cosa, nuestra pecaminosidad, nuestra falta de empatía y compasión hacia el mundo en necesidad hace entristecer el corazón De Dios.
Con enojo ante la humanidad que no quiere cambiar, que está endurecida, en pecado, sin cambiar y sin querer dejar la posibilidad a que la persona cambie. 
¿Pero sabes una cosa? Quizás el enojo y la falta de compasión te frenen. Quizás el hecho de que irían más contra nosotros nos frene. Pero a Jesús. Jesús siempre hizo la voluntad De Dios sin permitir que la gente que le rodeaban ni las emociones le estorbaran.

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Club de lectura - Evangelio de Marcos capítulo 3

Club de lectura - Evangelio de Marcos capítulo 3


1 Y otra vez entró en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía una mano seca.
Y le acechaban si en sábado le sanaría, para acusarle.
Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate en medio.

Hebreos 9:14


Oh, preciosa sangre que nos limpia, que quita toda mancha de nuestros incontables pecados y nos permite ser aceptos en Jesús a pesar de todas las maneras en que nos hemos rebelado contra nuestro Dios. La sangre de Cristo también es preciosa debido a su poder preservador, dado que bajo su sangre rociada estamos a salvo del ángel destructor. Recuerda, la verdadera razón por la que somos perdonados es porque Dios ve la sangre. Esto debiera reconfortarnos, porque aunque nuestros ojos de la fe se tornen borrosos, los de Dios permanecen firmes y constantes. Su sangre también es preciosa por el poder y la influencia santificadora en nuestra vida. La misma sangre que nos justifica quitándonos los pecados en la salvación sigue actuando, dándole vida a nuestra nueva naturaleza e impulsándonos a contener el pecado y obedecer los mandamientos de Dios. Jamás podrá haber una motivación mayor a la santidad que la que brotó de las venas de Jesús. Y cuán preciosa (indescriptiblemente preciosa) es su sangre porque tiene poder vencedor: «Ellos lo han vencido por medio de la sangre del Cordero» (Apocalipsis 12: 11). ¡Cómo podrían hacerlo ellos de otro modo! El que pelea usando la preciosa sangre de Jesús emplea un arma que jamás conocerá derrota. ¡La sangre de Jesús! El pecado muere ante su presencia y la muerte ya no es muerte, porque es la que abre las puertas del cielo. ¡La sangre de Jesús!


C.H.Spurgeon